José Blanco llegó a Madrid hace mas de 15 años procedente de Mazaricos, un pueblo coruñés cercano a Finisterre y Padrón.
Desembarcó en la capital lleno de inquietudes, con la intención de hacerse un hueco en el mundo de la gastronomía madrileña.
Sus armas eran la constancia, el trabajo y una inspiración desbordante. Vila de Foz fue su primera casa. Allí estuvo 5 años trabajando como jefe de cocina junto a Manuel Tabares, el que se convertiría en su primer maestro.

De allí se marchó a la Sidrería Carlos Tartiere. La cocina asturiana y gallega ya empezaba a perfilarse como el lugar donde se sentía seguro. Esta cocina exige un profundo conocimiento del producto para poder llegar a dominarla a la perfección. Lejos de asustarle, José Blanco se metió de lleno. Hoy conoce el percebe, la cigala o la merluza “casi tan bien como si la hubiera parido”.

Le tocó volar hace unos años. Escogió un restaurante ubicado a dos pasos de la Plaza Manuel Becerra y en muy poco tiempo lo levantó, Terra Celta. Una carta muy escogida, todas de inspiración gallego-asturiana. El pulpo a pedra” es uno de sus mejores platos. Sabrosísimo, cocido en su punto y acompañado de la típica patata gallega. Pimientos de Padrón, navajas y berberechos son productos que trabaja con exquisita profesionalidad. En Terra Celta es posible tomarlos en la barra de la entrada o como ración en el restaurante.

Los pescados al horno (frescos y en su punto, el rodaballo y la merluza) y el arroz con bogavante son dos apuestas seguras de la carta.
Para los que prefieran carne, deberían probar el lomo de buey gallego cocido en plato de barro.

José Blanco inauguró otro local a unos pocos metros de Terra Celta. Se llama Ézaro. Aquí mantiene una carta con las mismas especialidades gallegas solo que más pensada para el picoteo y el día a día de los trabajadores.

José Blanco no olvida sus orígenes. Estos son garantía de su profesionalidad y de su trayectoria. Dejemos ya de hablar del futuro de este cocinero y concentrémonos en su presente. Tiene ya demasiados argumentos para pensar que ya ha llegado donde quería.

Tito Fuentes